Empezar a meditar. 3 mitos que nos lo impiden.

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Hay una serie de pensamientos comunes en la gente cuando se acerca  a la idea de practicar la meditación. Sobretodo si el nombre del tipo de meditación que se menciona es de alguna rama oriental. Solemos pensar tres cosas, que uno es muy inquieto y no va a poder quedarse quieto como la mayoría de las prácticas meditativas proponen; que va a ser imposible poner la mente en blanco y por último, algunos lo relacionan con cuestiones religiosas o creencias. La conclusión a partir de esto es que la meditación no va conmigo. No me va a servir.

Son tres grandes mitos. Cuando comencé mi práctica hace algunos años, me consideraba, también, la persona más inquieta que pudiera haber. Mis piernas no se quedaban quietas, no había forma de detener su constante temblequeo. La sola idea de pensar en quedarme quieto me estresaba. Sin embargo, siempre fui muy curioso y había encontrado un profesor que me generaba buena espina, que me daba la sensación de ser sincero, y franco, entonces decidí comenzar.

A partir de ahí fui derribando uno a uno los mitos que tenía sobre la meditación.

Primero no se trata, necesariamente, de una práctica religiosa. Si bien hay religiones que usan la meditación como la religión hindú, o el budismo (aunque se está discutiendo mucho si el budismo es una religión o tan sólo una filosofía); incluso los cristianos al rezar tienen alguna semejanza con la práctica meditativa, pero la meditación no es religión. Uno bien puede no ser practicante de ninguna religión y proponerse meditar.  En occidente en los últimos años se escucha mucho la palabra mindfulness, atención plena, que es la occidentalización de la meditación oriental. Se usa en círculos vinculados con la medicina y la salud en general. En la atención plena, no hay ninguna referencia a dios, o al universo. Ni a Jesús, ni a Alá, ni a Krishna.  Lo que puede que sí pase es que la meditación te lleve a estados más contemplativos, más compasivos, y a una relación diferente con la vida, y la naturaleza. Pero no necesariamente a un libro religioso.

Segundo, la meditación, al menos la que yo practico que se llama vipassana, no pretende que pongas la mente en blanco, ni que elimines tus pensamientos. No es el objetivo de la meditación. Tampoco lo es en la meditación Zen. El objetivo es que observes el movimiento del pensar. Que te des cuenta de la catarata de pensamientos y que no te identifiques con ellos, que no te vayas con ellos, que los veas, que seas testigo.
Es como si miraras el cielo, y aparecieran nubes, y sólo las dejaras pasar, para después volver a encontrarte con el cielo azul. Las nubes serían los pensamientos. A veces hay muchas nubes, a veces hay menos, pero la meditación no fuerza a que pongas tu mente en blanco, o que elimines el pensar, eso es contradictorio, pues el pensar es un acto involuntario. Lo que sí puede pasar es que al no estar alimentando conscientemente tus pensamientos, estos transiten más lentos, que tu mente se haga más silenciosa.

Tercero, ser inquieto va a ser un gran impedimento. En esta frase lo que se mueve es la mente. La que prevé, la que hace juicios, y genera miedos o ansiedades. Hay dos cosas que entender en este punto. Por un lado que el cuerpo tiene cierta energía, y a veces esa energía está mal procesada, lo que lleva a estados de ansiedad. Por otro lado, que la única forma de ver si ser inquieto es un impedimento, es sentándome, y fijándome, pues sino sólo estamos discutiendo con una idea, un pensamiento, una imaginación. Si al sentarte observas con ecuanimidad, lo más probable es que al hacerte consciente de tu cuerpo, no necesites moverlo. Si lo necesitas es porque tal vez estés identificándote con los pensamientos que te llevan a ello.

Mi conclusión es que la meditación es para todos. Cualquiera puede sentarse y no hacer nada. Dejar de hacer para ser. Cuando hacemos este pequeño gran paso, un nuevo mundo empieza a asomarse. Están invitados a practicarlo y pueden empezar con esta entrada con las primeras recomendaciones!!!!

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2 comentarios en “Empezar a meditar. 3 mitos que nos lo impiden.

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